Educar es un Acto de Amor. (John Wesley) - MEM Chile Destacado

25 Mayo 2018, 12:00 am
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¿De dónde habrá podido surgir tan significativa frase del fundador humano del movimiento Metodista?


El germen de amor y pasión por la educación de los niños, se instala a su temprana edad, en el seno de su hogar, bajo las tiernas expresiones y palabras de quien fuera su madre, Susana Anesley de Wesley, mujer virtuosa, por cuyo regazo pasaron las vidas de los once hijos que el Señor les entregó. El amor por sus hijos le llevó, entre otras cosas, a darle la mejor educación. Así lo expresa en una carta a su esposo:

“En su ausencia, nada tengo para hacer sino cuidar a cada una de las almas que deja bajo mi cuidado, como un talento que me es entregado en confianza, por el Señor de todas las familias, tanto del cielo como de la tierra. Y en caso de que yo sea infiel a Él o a ti descuidando el perfeccionamiento de estos talentos, ¿Cómo podría responder delante de él, cuando me pida cuenta sobre mis actuaciones?< (Extracto de carta que Susana Wesley, escribiera a su esposo el 06 de febrero de 1712).

De ahí el interés y esfuerzo de que los niños fuesen más educados y sus predicadores más eficientes. Apoyó las escuelas dominicales como un medio para revivir la religión a través de la nación. Por tal razón es que el metodismo en el mundo ha establecido instituciones educacionales, desde kindergarten, escuelas primarias y secundarias, hasta universidades y seminarios teológicos, entre otros, con el propósito de cultivar la mente y el espíritu (Romanos 12:1-2).

En cuanto a sus fines y objetivos la educación metodista propende a: Fomentar la educación en sectores menos privilegiados. Formar un sujeto consciente, crítico y creador de su historia. Hacer consciente al educando de que la vida hoy se entiende más cómo comunidad, y no tanto desde un punto de vista individualista, por lo que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad ante Dios, su prójimo, la creación y la historia.

Posibilitar que el estudiante busque una relación con otras personas, individual y colectivamente de tal forma que el amor, la justicia y el perdón de Dios sean una vivencia palpable para él. Proporcionar una educación para el trabajo no explotable, sino el ejercicio solidario de la autorrealización dela persona, en la producción de bienes y servicios sociales para el bien común. Desarrollar una pedagogía que contribuya a enriquecer su entendimiento en la fe cristiana y a extender su conocimiento del mundo en que vive.

Hoy, en estos tiempos, los objetivos y la impronta de la educación metodista deben estar más vigentes que nunca, y deben propender a contribuir a la formación de personas comprometidas con un mundo mejor. Para cumplir tal tarea se hace necesario contar con maestros y maestras plenamente conscientes de la inmensa tarea que Jesús, el Divino maestro, nos ha encomendado.

Lucho por una educación que nos enseñe a pensar, y no por una educación que nos enseñe a obedecer

PAULO FREIRE

Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. Mateo 13:8

Pbro. Jorge Merino Riffo.
Obispo Iglesia Metodista de Chile

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