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Testimonios de Ex-Alumnos en el 138 Aniversario

 

Introduccion

138º ANIVERSARIO: CELEBRAMOS CON TESTIMONIOS DE VIDA

La celebración del 138º aniversario de nuestro querido Centro Educativo Latinoamericano es el momento oportuno para evocar diversos momentos que marcaron la vida de quienes compartieron sus días en sus aulas, junto a maestros, profesores y directivos, personal no docente, compañeros y amigos.

De los más de cientos y cientos  alumnos que formaron y forman parte de esta comunidad educativa, Andrea Rosconi, Julián Vilar, Nicolás Panasiuk y Jorge Baclini nos contaron su propia historia en el CEL, la que vivieron mientras cursaron sus estudios.

Las vivencias personales, ricas y variadas, van tejiendo una trama colorida de valores “de y para la vida” que identifican a la institución, valores fundados en la libertad para pensar, conocer y respetar la diversidad, la preocupación por el prójimo; el acceso al conocimiento, el ejercicio de la responsabilidad, el trabajo conjunto, la amistad. En palabras de Jorge Baclini “son huellas indelebles que marcaron mi camino y que, por formar parte innata de mi ser, me resulta difícil identificarlas. Es que finalmente me puede reconocer como un ser del CEL.”

Los invitamos a recorrer estas historias de vida, de la mano de cada uno de sus protagonistas con el anhelo de que cada una de ellas sea un testimonio de esos valores transmitidos y compartidos en el CEL, en el día a día, durante cada día de sus 138 años.

"El Presente nos da la Medida del futuro"

Jorge Baclini (ex alumno del CEL período 1970-1984)

Antes de comenzar a realizar esta breve síntesis de mi vida en el CEL, quisiera agradecer, y mucho, a las actuales autoridades por haberse acordado de mí y otorgarme la posibilidad de contarle al alumnado que el presente nos da la medida del futuro, el que abre una inmensa gama de variantes con el estudio que el colegio en forma esmerada les provee. 

Por cierto que sería muy ingrato no gratificar también a las autoridades históricas, algunas de las cuales hoy permanecen haciendo esfuerzos por mejorar la educación y preparación de las personas, puesto que fueron en esencia ellas las que incidieron sustancialmente en mi formación.

Mis cinco hermanos y yo cursamos todos nuestros estudios en el CEL comenzando en el jardín de infantes, pasando por preescolar, la escuela primaria y secundaria.

Particularmente yo ingresé hace ya mucho tiempo, allá por el año 1970, culminando mi cursado en 1984 para rendir las materias pendientes a principios del año siguiente. Continué mis estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario en la cual me gradué como Abogado en el año 1990, realicé posteriormente estudios de posgrado para finalmente doctorarme en Derecho en el año 2005. Hoy, permanezco vinculado a la Facultad dictando clases en la materia de Derecho Penal I, Parte General, y en cursos de posgrado.

Recuerdo que por mis inicios, la institución se llamaba Colegio Americano, el edificio era más pequeño y el arenero del jardín de infantes, donde pasamos recreos que no queríamos que terminen, estaba situado al fondo. Allí, de la tertulia permanente, formé grandes amistades que aún hoy perduran. 

La primaria me dejó muchas enseñanzas, viniendo como remembranza relevante el año cuando el colegio cumplió 100 años, los actos realizados y el himno que con contundencia afirmaba: “Cien años tiene mi escuela y está en plena juventud, cien años llenos de lucha…”, frase que todavía fluye en mi espontáneamente y que denota que la antigüedad convive con la rebeldía de la juventud y que de su síntesis emerge el progreso, la evolución y la actualidad en la enseñanza, pautas que sólo habían sido posibles de lograr por la convicción en el pensamiento.

Muchísimas son las enseñanzas y los valores que el colegio me ha dejado, es más creo que son huellas indelebles que marcaron mi camino y que por formar parte innata de mi ser me resulta difícil identificarlas. Es que finalmente me puede reconocer como un ser del CEL. 

“Cada uno debe ser responsable de sus propios actos”, frase que pronunció ante mí (y en presencia de mi padre) el Director Pedro Di Pentima quizás pueda considerarla una máxima y una guía que marcó mi forma de actuar y hasta de vivir. 

La amistad, el pensar en el otro y respetarlo, y el trabajo conjunto para el logro de objetivos, son otros de los tantos valores que el colegio me dejó. 

Verónica Baronio y Edith Parodi en la primaria fueron verdaderas maestras, que con cariño, paciencia y dedicación hicieron crecer aquél grupo de alumnos en formación y que hoy todavía se junta con cierta periodicidad. 

Mis facilidades por las matemáticas y la circunstancia que mi hermano mayor (Camilo) había ingresado al Politécnico para cursar sus estudios secundarios casi atentan contra mi carrera actual. Es que ese era sin lugar a dudas mi destino y aquél día en que se rendía el examen de ingreso cuando Verónica me vio entrar al aula sorprendida me preguntó “Qué hacés acá, vos no ibas a rendir”. Había tomado una gran decisión a favor de mantener mis amigos, mis padres habían accedido, y evidentemente yo quería otra cosa para mí. 

La Directora de primaria Perla y luego Marta Romero con sus clases de historia en la secundaria infundieron mis verdaderos deseos de conocer, pensar y de descubrir desde lo antiguo hasta lo actual; los esfuerzos en lengua que hacía la profesora Infante (quien con su perseverancia hizo mejorar en mucho mi ortografía), los profesores Rodríguez, Seara y muchos tantos otros, son personas que con su dedicación y esmero me inculcaron pautas de conducta y generaron el incentivo de continuar estudiando.

No puedo dejar de mencionar a la banda del Colegio, su histórico profesor Héctor García, los viajes, los amigos y tantas alegrías. 

Mi secundaria se encuentra plagada de anécdotas y ricas historias, también de travesuras de un pequeño rebelde que siempre quería ir más allá y chocar contra los límites.

Pero, no puedo dudar, lo más importante de todo, realmente lo más importante, fueron y son los amigos. Los amigos del colegio son los que siempre están, son las personas con las que uno se encuentra y el tiempo no ha deteriorado la relación. Ellos, sin vacilar, son el tesoro más valioso que el Colegio me ha dejado. 

Hoy, luego de haber sido Juez en lo Penal de Instrucción, mis 46 años me encuentran como Fiscal Regional de la zona de Rosario, puesto que me demanda  la organización de las estructuras de la persecución penal en toda la Región dentro del nuevo sistema procesal penal que se está implementando en la provincia de Santa Fe.

 

"Tuve los mejores valores, amar, servir y confiar"

Julián Vilar (ex alumno del CEL período 1982-1995)

Pasé por pre-escolar, primario, secundario y EEMPA. Yo puedo decir "pasé por todas!"

Los valores fueron, Amar, Servir, Confiar. Tuve los mejores valores. El haber formado parte de la comunidad educativa del CEL, ha dejado una huella que aún perdura. Me he llevado los mejores amigos (todavía conservo); he pasado toda mi vida en esa institución. Me he llevado los mejores recuerdos, los mejores docentes. Y hasta una relación entrañable con La Dirección!

Experiencia en particular? muchas. Recuerdo con mucho humor los campamentos con el Chileno. Nos hacía la vida imposible! Nosotros a él, obvio. O los juegos deportivos. A muchos profesores de educación física, el Chileno, Charly, Lucas Almada. Ni hablar de Marcelo Palma. Marcelo Palma es un capítulo aparte de esta historia. Gracias a él es que soy lo que soy como actor. Gracias al CEL que lo puso en mi vida. Con él pasé momentos imborrables. Dentro y fuera del colegio.

Alguien a quien recuerdo con mucho cariño es a Marta Romero. Símbolo de autoridad. Pero esa autoridad no autoritaria. Una persona que se hacía respetar porque te respetaba. Si alguien no te respeta no puede pretender que sea respetada. Marta estuvo en un momento clave. Ella lo sabe. Yo lo sé. Como les decía, mi actual profesión es un asunto entre Marcelo Palma y yo. Y el CEL, claro.

Soy Actor. Vivo en Buenos Aires hace trece años. Y el logro más importante es que estoy pudiendo vivir de lo que me gusta. Este año comencé a dar clases y eso ya es mucho.

"Libertad para pensar sin horizonte ni cuadricula"

Andrea Rosconi (ex alumna del CEL período 1977-1984)

Ingresé como alumna al Centro Educativo Latinoamericano en 1977; es decir cuando iniciaba mi 5to. grado, y allí terminé 5to. año, en 1984, siendo la primer promoción de bachilleres con orientación en comunicación social. Regresé al colegio en 1991, al finalizar mi carrera universitaria, y ejercí la docencia  durante poco menos de dos años, trabajando con chicos de 4to. y 5to. años del Bachillerato.

A medida que uno crece, los recuerdos concretos de la infancia y la adolescencia se tornan más difusos, pero se agigantan los grandes sentidos que uno va encontrando en la vida, eso que llaman “valores” y que definen lo que uno es. Lo primero que viene a mi mente cuando pienso en los años transcurridos en la escuela es que “la pasábamos bien”, que había un conocimiento personal de cada uno de nosotros y al Centro Educativo, como institución le importábamos quienes éramos y qué pensábamos y cuáles eran nuestros proyectos. 

Un segundo momento de evocación de esos años, quizás más reflexivo, tiene que ver con la enorme libertad de la que disfrutábamos. Libertad con mayúsculas, en un contexto donde ese valor era escaso. El país vivía tiempos sombríos y en el colegio existía una gran vocación porque aprendiéramos a pensar, a optar, a elegir. En los tempranos ’80, me hablaron de “conquista de América”, me ayudaron a descubrir la historia contemporánea con todos sus bemoles, leíamos la Constitución y los diarios antes que esos hábitos inundaran las aulas de otros establecimientos. Pero no fueron sólo las clases de historia de María Delia o de Marta las que motivaban ese privilegio de disfrutar de la libertad. También fue la tarea ciclópea de Nelly que nos hizo leer a todos; en prosa y en poesía. Nos obligó a imaginar otras vidas a través de los libros, multiplicando el caleidoscopio de nuestra mirada que navegaba desde la llanura manchega del Quijote a las historias de oficina de Benedetti. Todos ganamos alas: contábamos las historias de los mundos que soñábamos con nuestros pocos años y llevábamos los textos bajo los árboles de las plazas, o al patio bañado de sol, para que siempre leer fuera una fiesta para los sentidos.

Por estricta deformación profesional estoy siendo injusta con los recuerdos hacia quienes sembraron la inquietud por las llamadas “ciencias duras”, pero cierto es que dos por tres reconozco en la vida diaria la impronta de la lógica de los números que con maestría desparramaba Betty en los pizarrones. 

En realidad los recuerdos vienen a borbotones y asociados: las “open classes” de Miss Edda, las germinaciones del poroto, los mapas, los elásticos de los recreos…

Sinceramente no sé si encontré en el Centro Educativo la inspiración para mi profesión; tampoco me lo he planteado. Sí estoy convencida que allí me dieron algunas herramientas intelectuales pero sobre todo algunos valores que fueron y son imprescindibles en el ejercicio de mi profesión.

Primeramente, la libertad para pensar sin horizonte ni cuadrícula. En mi caso, eso significó no limitarme a una carrera que tuviera que ejercer en Rosario o aún dentro de las fronteras de mi país. Cursé Relaciones Internacionales en la UNR con la idea de seguir diplomacia.* 

La libertad de pensar en todas las posibilidades profesionales es condición para no sujetarse a criterios mediocres de comodidad, ni limitarse por razones de género, o por cuestiones de índole socio-económica o familiar. La clave es usar la libertad para evaluar todas las posibilidades, elegir con criterios propios y actuar en consecuencia, trabajar duro por el objetivo, asumir el desafío y perseguir los sueños.

En segundo término, aunque emparentado a la libertad, el colegio me mostró que el mundo era plural, era diverso. De chica, cuando la mayoría de las escuelas no eran aún mixtas, el Centro Educativo si lo era, ofreciendo todas las ventajas de la normal convivencia entre mujeres y varones. Pero más allá de este comentario que resulta “histórico” por estos tiempos, otro detalle del pluralismo era la conjunción de creencias que se respiraba en las aulas: católicos, protestantes, judíos, agnósticos… Mis días en el colegio fueron un augurio temprano de la diversidad que luego me tocaría experimentar en los distintos rincones del mundo. Quizás porque nunca me obligaron a asistir a una hora de clase “confesional” (sino que tuve una materia sobre “ética” que era optativa)  respetando una cosmovisión distinta. El descubrimiento del “otro”, la convivencia con lo distinto desde pequeño, ofrece una de las mejores condiciones para la paz y la democracia. Difícilmente quien juega en el recreo con quien celebra otras festividades, pueda desarrollar odios y sentimientos irracionales hacia quienes no profesan la fe de uno. Ese clima de pluralismo que viví en el colegio, me acompañó cientos de veces: asistiendo a una ceremonia de rito ortodoxo en Sofía, quedando inmersa en la plegaria del atardecer en Dakar, presenciando ceremonias oficiales en honor a héroes de otras comarcas, a quienes lucharon por ideales remotos. Siempre terminé experimentando una sensación de plenitud por todo lo que mis ojos ven y mi cabeza logra discernir, siempre terminé agradeciendo poder incorporar al que no piensa como yo, al que cree en otro Dios o en ninguno, porque la pluralidad es eso: no ser “naturalmente” el uno para el otro, sino poder compartir el tramo de historia que nos toca vivir juntos, con respeto y armonía.

En tercer lugar, junto con la libertad y el respeto por el pluralismo, el colegio me infundió una preocupación por el prójimo. Este es un principio clave para trabajar en la función pública: desde el lugar de funcionario uno es por y para el país que representa. De chicos, recuerdo que trabajábamos colaborando con la comunidad toba de Rosario, que allá por el ‘82 nos organizamos en un incipiente centro de estudiantes que mediaba en conflictos de la pequeña sociedad educativa. Todos fueron atisbos que vistos desde hoy forjan una identidad solidaria que nos integra como ciudadanos, y que es aplicable tanto  en el ámbito público como privado.

Finalmente, creo que los años transcurridos en el Centro Educativo me ayudaron a tener una mirada de responsabilidad sobre mis acciones, el hacerse cargo de lo que uno hace. Siempre en ese marco de entera libertad que reinaba en la escuela, pude encarar proyectos que hoy recuerdo como momentos muy vibrantes: encarar un diario-mural (se llamaba el Refugio Informativo), un cine club, participar del teatro musical, todo era posible en la medida en que pudiéramos dar cuenta de nuestras acciones. En muchos casos, la escuela fue vanguardia en encarar los dilemas éticos, la educación sexual, en sumar el diario a la clase, en tomar trabajar en una campaña de información y prevención cuando se supo de los primeros casos de HIV en el país. 

Con el ingreso en el medio universitario tomé plena conciencia del privilegio de haber sido educada bajo el tándem libertad/responsabilidad, descubriendo que esos “profes” del colegio habían hecho algo grandioso: creer en cada chico que traspasaba la puerta de Pellegrini, brindar herramientas intelectuales sin descuidar el cultivo de los aspectos espirituales, estar disponibles, escuchar, aportar una palabra de aliento, decir que no para sugerir una mejor opción, para hacer la pausa, esa que uno no descubre hasta que se presentan las primeras canas.

* Andrea actualmente trabaja en la Embajada de Montevideo y continúa desarrollando su carrera diplomática luego de haber obtenido el título de Master para Operadores Internacionales de la escuela Diplomática de Firenze y haber ingresado al Servicio Exterior de la Nación a través del cual trabajó en Buenos Aires, París y en Argentina se desempeñó en la Dirección de temas políticos de América Central, Caribe y México de nuestra Cancillería.

 

"Ser una persona multifacetica, interesada por todo"

Nicolás Panasiuk (ex alumno del CEL período 1986-1996)

Soy montajista y realizador de arte. Esto significa que no escapo en mi vida diaria de ninguna de las cosas enseñadas específicamente por los docentes, ya que mi trabajo se trata de que un artista venga y me diga qué quiere hacer, y yo tengo que usar de forma adecuada todos mis conocimientos para realizar esto de forma correcta, sensata, eficiente y prolija. 

Hoy tengo 30 años, resido en Rosario, pero muy poco de mi trabajo lo realizo en mi Argentina. Mi trabajo actual es junto al equipo del artista plástico Adrián Villar Rojas principalmente, en donde de acuerdo a la necesidad de la obra ocupo el lugar de Studio Manager o de Director de ensamblaje y montaje. *

Formé parte del CEL por 10 años y dejé la institución a los 13 años de edad. Creo que mis valores se terminaron de formar más tarde, por lo cual los valores en ese entonces fueron un boceto de lo que 

iba a ser. Sí puedo hablar de conocimiento, sobre todo de la diversidad de ellos, y eso me dejó como legado ser una persona polifacética, interesada por todo, con posibilidades de desarrollarse o mínimamente desenvolverse en todo. 

Habiendo estado 10 años durante muchas horas por día dentro de la institución y relacionarme con el personal y mis compañeros generó muchos recuerdos, recuerdos que vinieron llenos de enseñanzas. Hay un conjunto de momentos de esos que te invaden todos juntos y dan una dosis de emotividad, como Liliana Cabrera hablándome en el patio sobre tener la carpeta ordenada, o Mussio buscando la forma de que hagamos el karting de madera que quería hacer, e hicimos, u otra clase de matemática donde simplemente me acuerdo que debatíamos todos sobre cuantos sentidos tenían dos puntos cuales quiera que formaban parte de una recta.

Creo que Graciela Cabrini sin dudas me hizo querer a las ciencias, Raquel a la literatura, Liliana a la matemática (recuerdo en especial cuando me dijo que todo estaba compuesto por triángulos, hasta hoy sé que cualquier cosa la puedo calcular, aunque sea aproximadamente, usando triángulos) Viviana y Graciela a las artes, y Mussio a hacer cosas con mis manos, construir. 

*El equipo del que forma parte Nicolás se encuentra  dentro de los mejores 10 equipos de arte del mundo, refieren notas sobre su trabajo en las principales revistas de arte del mundo así como también ediciones importantes de información general, entre las cuales se encuentran Art Fórum, Monopol, New york times, o a nivel local Clarín, Ñ, ADN. También cuentan con un documental en proceso sobre nuestro trabajo llevado a cabo por I-SAT, 3 libros de artista, y un cortometraje filmado en Brasil. Entre las obras principales  se encuentran "Poemas para terrestres", la cual consiste en una escultura de 90 metros para la residencia de SAM art Project en coproducción con el museo del Louvre, realizada en los jardines del Louvre, en Paris. "La inocencia de los animales", una especie de anfiteatro escultórico con otras habitaciones de alguna forma colapsadas de desechos de esculturas post-humanas, esta obra fue estrenada la semana pasada en el 3er piso del MoMA PS1 en New York. "El asesino de tu herencia" compuesta por 12 esculturas de 7 metros de altura dentro de los arsenale en la Bienal de Venecia, como representación de Argentina. DOCUMENTA 13, New Museum, Brookfield, etc. Fuera de su trabajo con Adrián todavía realiza escenografías y se desempeña como docente en algunos colegios de Rosario cuando está en la ciudad.