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Carta de Montevideo

Carta de Montevideo - VIII Congreso Pedagogico - ALAIME

CARTA DE MONTEVIDEO

AÑO 2014

Reunidos en la ciudad de Montevideo, Uruguay, del 9 al 11 de octubre del 2014, representantes de las Instituciones Educativas nucleadas en la Asociación Latinoamericana de Instituciones Educativas Metodistas (ALAIME), reflexionamos acerca del tema “Diversidad, derechos humanos e inclusión social: desafíos para la educación metodista”.

El Congreso contó con la participación de educadores provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Honduras, México, Panamá, Perú, Uruguay e invitados fraternales de EEUU, en representación del General Board of Higher Education and Ministries of The United Methodist Church (GBHEM) y de la Junta General de Ministerios Globales de la misma iglesia.

Continuamos con la larga tradición de compromiso con la vida de nuestros pueblos en todos sus aspectos que se manifiesta  en el accionar  y en la reflexión de nuestras instituciones.

Constatamos y nos preocupa el aumento de fenómenos sociales tales como la violencia, la discriminación, las diversas formas de exclusión que se manifiestan por motivos raciales, sociales o de género y la intolerancia con respecto a aquellos que, por cualquier motivo que sea, tienen capacidades diferentes a la media socialmente aceptada.

Inspirados por los oradores que abordaron el tema desde las perspectivas teológica y pedagógica, fuimos desafiados a reflexionar y comprometer en la acción a nuestras instituciones educativas.

REAFIRMAMOS el principio bíblico de que Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza, todos iguales en aspiraciones y derechos. Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34).

RECONOCEMOS que la diversidad es un hecho que no depende de nuestra voluntad, su aceptación incondicional es un acto ético y político que le corresponde a nuestras instituciones asumir. La diversidad no es una maldición, la diversidad es una bendición de Dios y por eso nos enriquece. Nuestra teología metodista parte del amor a Dios y al prójimo. Un metodista debe dar señales de que en su corazón se ha derramado el amor de Dios. Por lo tanto se acerca a los diferentes y a los dispersos, el diálogo y la aceptación son las pruebas del amor de Dios.

Desde estos principios  proclamamos como un reto a nuestra sociedad y a nuestras instituciones educacionales promover:

La tolerancia, que significa reconocer el derecho del otro a existir y ser tal como es.

El respeto como una actitud ética frente al diferente, aún sin concordar con el otro.

La solidaridad  en el sentido del fortalecimiento mutuo.

Y la compasión, entendida como el ponerme en el lugar del otro, sentir como el otro.

Por eso, para nosotros la educación inclusiva es y debe ser desarrollada como un gran desafío, un llamado, una decisión comunitaria y un compromiso de fe.

Al concluir el VIII Congreso miramos hacia el camino recorrido y pensamos, con gratitud, tanto en las Iglesias Metodistas  de las cuales formamos parte,  como las comunidades educativas con las que caminamos juntos y, sobre todo, en la presencia, inspiración  y permanente sostén del Señor, que nos ha nutrido con incertidumbres y también  búsquedas de nuevos caminos en esperanza.

Nos mueve la esperanza de que Dios muestre su plenitud en todo y en todos, hacia una sociedad renovada y justa.