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Taller 3 - Descubriéndonos en la diversidad

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Descubriéndonos en la diversidad Encuentros con Jesús

Profesora Mariela Soria

Nuestro desafío

Este desafío comienza en cuarto grado de Primaria en nuestra escuela de Montevideo. Los niños y niñas ya han aprendido, han discutido y vivenciado la alegría a la luz de la Palabra.

Recorrieron las tierras de Jesús, sus bondades y sus dificultades. Se han ilustrado de costumbres y orígenes de la cultura que lo vio crecer.

Están prontos para un reto mayor.

Verán como el Maestro acciona y reacciona en encuentros con su comunidad, en encuentros personales y grupales, aprendiendo y reprendiendo, colocando importancias, dando lugar a amores, desenmascarando odios. Descubriendo el lugar de Dios en el encuentro y proponiéndolo en el desencuentro.

Valora construcciones y presenta deconstrucciones que hacen del Reino de Dios un todo tangible, visible, audible, con olores particulares y posibles de degustar. El Maestro se convierte a la comunidad y la comunidad se convierte a Dios, al Misterio, una dialéctica vieja, muy vieja a la luz de las subjetividades nuevas, muy nuevas.

Aquí el cuerpo (individual y colectivo) adquiere mayor compromiso, comienza un involucramiento más profundo de lo que hemos transitado. Provocamos reacciones que tramitamos juntos. Las subjetividades comienzan a aflorar con fuerza, comienzan a desafiarse temores.

Descubrir juntos que somos únicos e irrepetibles hace que la soledad invada terreno. La banalidad queda a la intemperie cuando pierden fuerza nuestra razón y nuestros sentidos entre los ruidos de este mundo. Le damos la bienvenida al nosotros para resignificar nuestras vidas, frágiles en la soledad, fuertes y valoradas en el entretejido social que la sostiene.

Encontrarse al límite como lo hizo Jesús frente a tantos reclamos de sanidad, encontrarnos al límite hoy cuando la escuela nos invita a comprender vivenciando una discapacidad, hace que el lugar teológico del nosotros se sacuda, se encuentre con el movimiento.

Renacemos, resucitamos porque resignificamos.

Adquiere dinamismo la emoción, la ternura, la comprensión, el amor, comienzan preguntas desde la profundidad de la existencia.

La trascendencia marca estilo.

Una trascendencia que desde el cuerpo invita a la conversión, a la belleza de la vida en su diversidad. Una trascendencia que provoca sentido, que sopla valor y que esboza el Misterio sin dibujarlo.

En palabras de Ivone Gebara: “¿Por qué hablo del misterio sin imagen o del misterio que cruza todo? Es difícil expresar, es como si la palabra de Dios se volviera insuficiente para nombrar esta especie de “más”, “de más allá” de las palabras, de conocido y desconocido, o este desasosiego que me habita cuando busco sentido de la vida.”…”hablo de Misterio como un ensayo de decir de una forma diferente la experiencia humana de la trascendencia, constitutiva de nuestro psiquismo o de todo nuestro ser.”…”situar la trascendencia en y a partir de nosotros, nos abre a una concepción ética de la trascendencia, es decir, al rostro del otro, mi prójimo, mi vecino, mi semejante como alguien más allá de mi mismo. Situar la trascendencia en nosotros, en todos y todas, nos abre también a la consideración de otra trascendencia, la de la tierra, los ríos, los árboles, los animales, con derecho a una convivencia común y respetuosa como si fuéramos todos y todas un mismo cuerpo.” 1

El camino

Nuestra pastoral en sus tres servicios, Capellanía, Educación Cristiana y Acción Social ofrece semanalmente al profesor/a de Educación Cristiana reflexionando, vivenciando con su grupo la oportunidad de encuentro que Dios nos da.

Desde al área de Acción Social llega el reto de conocer la Escuela de Discapacitados Auditivos que es compartido con padres y alumnos en un taller, con el fin de evacuar temores, dificultades y ansiedades.

La Escuela de Discapacitados Auditivos asentada en el barrio de nuestra escuela hace ya 100 años nos ofrece generosamente, al ir en su búsqueda, compartir experiencias, sueños, anhelos, su vida.

Hace tres años en los talleres mencionados surgieron dos “tías”, con ellas iniciamos un proceso de aprendizaje que hoy nos regala frutos. Dos tías de un alumno que ofrecieron generosamente su tiempo y su saber con el fin de que este lenguaje cada vez llegue a más personas. Comenzamos a aprender Lenguaje de Señas del Uruguay con nuestros alumnos para comunicarnos mejor en los encuentros. Algo se transformaba en nosotros para hacer que “el curso tomara curso”. Esa generación logró cambios en su mirada que atrajo a otros, invitó. El año siguiente los instructores de Lenguaje de Señas de la Escuela (laica) de Sordos nos acompañaron en las Capillas. Ofrecimos a Dios nuestros aprendizajes, nuestra cosecha, ofrendábamos, éramos “ofrendas vivas”.2

“El curso trascendió el curso” y sexto grado decidió seguir transitando este camino. Los instructores de la Escuela de Sordos ofrecieron un tiempo de formación para nuestro equipo Pastoral.

Comenzaron los reconocimientos de nuestra tarea y no lo esperábamos. Así nos ganábamos un premio: El eslabón solidario que otorga la Comunidad Nacional Honoraria de Discapacitados. Una distinción como escuela que nos alegra recibir. Nuestra escuela, una escuela puertas afuera que comunica su deseo de aprender y amar tal como nos recuerda el lema de Crandon 1949: “Aprendemos a vivir cuando aprendemos a dar”, inspirado en Juan 13: 33, “si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos”.3

Esta continuidad de compromiso nos alentó y hoy sexto sostiene en este proyecto su deseo de continuar. Con lo aprendido fuimos invitados a la Celebración de cumpleaños número 100 de la Escuela para Discapacitados Auditivos Ana Bruzzone de Scarone siendo la única Institución Privada que acompañó junto a muchas escuelas públicas del país. Celebramos “cantando” “Mi escuela” de los 8 de Momo, en Lenguaje de Señas, en un lenguaje lleno de movimiento y color. Nosotros nos sentimos honrados y aquello que quisimos enseñar del respeto y la belleza de la diversidad nos fue devuelto con creces en aquella ocasión. Sembramos y nos han permitido ver la cosecha, hacemos pública nuestra gratitud.

La emoción de ver la inclusión de nuestros niños y niñas en el colectivo de niños y niñas sordos de nuestro país ha sido una señal clara de pertenencia al Camino trazado. Recordamos y repetimos con Jesús en el barrio que hemos crecido al igual que lo hizo Jesús en Nazareth, “El Espíritu del Señor está sobre nosotros, porque nos ha consagrado para llevar la buena noticia”…” nos ha enviado a anunciar el año favorable del Señor”.4

La cosecha esconde desafío

Una constante en nuestras prácticas, sugerir, alentar, curiosear, concretar, imaginar, aventurar, desafiar, proponer, retar.

Hoy frente a la “relación inquietante” con las pantallas (como las denomina la sicóloga Natalia Trenchi), un sinnúmero de posibilidades tecnológicas nos permiten ver imágenes que definen encuentros virtuales. Esta inquietante valoración, diferente del contacto personal, nos provoca.

Nosotros reivindicamos no abandonar el calor del encuentro presencial que reubica nuestra humanidad en curso en el Curso que Jesús nos legó. Pidámosle a la tecnología que sea nuestra aliada en esta reivindicación y destaque de lo humano lo mejor.

Cuando nuestro horizonte es vivir encontrando juntos pistas del Reino de Dios podemos confiar que encontraremos.

“En ningún otro punto de inflexión de la historia humana los educadores debieron afrontar un desafío estrictamente comparable con el que nos presenta la divisoria de aguas contemporánea. Sencillamente nunca antes estuvimos en una situación semejante. Aún debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información. Y también debemos aprender el aún más difícil arte de preparar a las próximas generaciones para vivir en semejante mundo.”5

En una realidad donde el “individuo parece ganarle al ciudadano”6 afirmamos con la carta de Montevideo, octubre 2009:

Educar la sensibilidad y la espiritualidad como un nuevo saber, constituyen el camino para promover el encuentro con lo nuevo, con nosotros mismos, con los otros, y con Dios nuestro Padre.